
Son las 6:32 de la tarde, estoy de pie en una de las tantas calles del Centro de Medellín, aunque es hora pico, en el lugar donde me encuentro la bulla no llega directamente y los sonidos se distorsionan antes de invadir mis oídos. Mis pies comienzan a dar pasos y mientras más camino, todo se convierte en una unidad de sentidos que cuando llegan a mi cuerpo aceleran el tiempo. Una acera sobrepoblada me indica que estoy en contravía, mi movimiento se ve interrumpido entre las personas, hay constantes choques entre los hombros, pero se convierte en costumbre que ya ni incomodan porque así es el transitar en estas calles.
Estoy parada en la avenida La Playa en el centro comercial Coltejer, la cantidad de luces y sonidos hacen del lugar una fiesta que no respetan ni día, ni hora. Es Lunes, apenas comienza la semana y en la cara de las personas se refleja la cotidianidad de sus vidas. Desde aquí, donde estoy parada, puedo ver la alegría conjunta en las esquinas, aceras, en fin en todo lugar. Los casinos iluminan y se vuelven un lugar de distracción para quienes acaban de salir del trabajo o del estudio, estos establecimientos comienzan a ser parte del día a día de quienes paseamos en el Centro. Que cantidad de olores, por cada paso que doy, siento una combinación extravagante que despiertan mis sentidos, un olor a mango con limón y sal me hace sentir un deseo infinito por saborear ese olor que de inmediato me transporta a una larga infancia que no se ha querido ir y que constantemente me recuerda a esta niña que poco a poco se quiere salir de mi cuerpo.
Unos pasos más y el olor penetrante a berrinche, me instruye que camine más rápido para alejarlo de mí, de repente llego a la fritanga y el hambre despierta forasmente como si durante estos minutos se estuviera escondiendo de una manera forzada, y en menos de 30 segundos los sentidos ignoran el olor a orines que acaban de rechazar sin pensarlos dos veces. Así es el centro, tal vez así sea esta Ciudad, llena de contrastes, que no necesita largas cuadras para ver las diferencias, y que lastimosamente tiene memoria a corto plazo que olvida fácilmente lo malo y que ignora lo que no le sirve.
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